El adiós a Breaking Bad

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Hace 5 años conocíamos al profesor de química más chungo de la historia de la televisión. Esta semana le hemos dicho adiós, y con él a una de las mejores series dramáticas que han visto la luz. En este post rendimos homenaje a Heissenberg y su séquito #GoodbyeBreakingBad

Uno de los peores momentos para alguien adicto a las series es el momento de la despedida. Saber que no volverás a verlos como el primer día irremediablemente conduce su final a un “insuficiente” cierre que no calmara nuestras ansias. No obstante, y teniendo esto en cuenta, pocas series logran un broche digno y a la altura de toda su trayectoria, y en este caso el bebe de Vince Gilligan, Breaking Bad, ha logrado satisfacer todas nuestras necesidades. No solo ha estado a la altura de sus personajes y ha ofrecido cierta justicia poética a la trama, sino que además ha mantenido su peculiar y exquisito estilo visual explotando los detalles.

Pero empecemos por el principio, cuando aun éramos inocentes y pensábamos que el Azul era solo un color más. Nacía una serie capitaneada por un profesor con cáncer terminal cuya mayor preocupación era dejar un legado digno a su mujer, su primogénito con retraso y a su niña no nacida. Conocíamos a un Walter White dispuesto a ensuciarse el delantal de forma amateur en un negocio sucio. Acompañado de su fiel alumno y yonkie Pinkman, su mano derecha en el negocio de la meta, ambos fueron descubriendo por prueba de ensayo y error cómo mantener un laboratorio clandestino en una caravana sin llamar demasiado la atención. Eran buenos tiempos y cada semana veíamos a Mr. White en gayumbos.

Mezclar los gases de la cocina con la medicación para el cáncer no es bueno, si además le añades abrirte paso en un mercado de droga a nivel callejero con tu cuñado trabajando en la DEA, la cosa se pone peliaguda. Pero nuestro profe experto descubre que tiene un Don para los negocios, y no tardará en adentrarse en una vertiente de ascenso a base de cristal azul. Ahora solo le falta una imagen que hable por si sola: como si de Indi se tratara, se enfunda el sombrero en su recién afeitada cabellera y nace el futuro rey, Heissenberg.

Después de aprender que deshacernos de un cadáver en una bañera no es una buena idea, el ritmo del dúo de pinches de cocina de metanfetamina nos ha regalado momentos épicos: desde la muerte de un niño por andar en el negocio, pasando por la explosión de una sede de traficantes, cabezas sobre tortugas, yonkies muertas, ricina por todas partes y confesiones matrimoniales, si una cosa han demostrado estos dos ha sido saber salir airosos de todo lo que se les venía encima.

Pero si tenemos que hablar de algún punto crucial en el que la serie se vuelve apoteósicamente genial tenemos que mencionar la franquicia de restaurantes “Los Pollos Hermanos”. Las calles se les quedan pequeñas, y con la policía pisándole los talones, se atreven a vender al por mayor. Comienzan días difíciles a las órdenes de Gus y todo se intensifica: un laboratorio bestial para una leyenda de cocinero, un sicario que les saca de todos los líos con mano firme, un timbre muy molesto que no parará hasta obtener lo que quiere, un lavado de coches para blanquear el dinero, una guerra entre fronteras por la pureza del producto, y en medio ellos dos. Jefe de cocina ambicioso y pinche conformista a los pies de un capo de la mafía que se esconde tras alitas de pollo. Pero sus días de dominación duraran poco.

La ambición y el deseo de poder de Heisseberg empieza a crecer, y bajo la premisa de su familia (a la que mantiene en un estado de acojonamiento-ensueño muy bestia) los vapores de la cocina le suben a la cabeza en forma de Plan Maestro para defender su recién estrenado imperio. A todo esto Pinkman está entrando y saliendo de rehabilitación, y sus dudas existenciales sobre la moralidad de lo que hacen lo mantienen entre “bitch” y “bitch” con la mosca detrás de la oreja sobre su amigo y maestro. La desconfianza empieza a florecer, y como ya sabemos que lleva al lado oscuro, no tarda en convertirse en una sospecha firme que comienza a separarlos.

La capacidad de manipulación de Walter solo es comparable con la paranoia constante y el ritmo frenético que logra la serie. Cada giro impredecible la vuelve más adictiva, hasta que un último “ring” del timbre, acompañado de una explosión y un cigarro de ricina, pone punto y final a la etapa de sumisión. Heissenberg es el rey, y como tal debe mancharse las manos para mantener su reino.

Poco o nada queda ya de aquel profesor tímido que buscaba un futuro productivo para los pocos días que le quedaran. Ese legado que esperaba a obtener se ha convertido en una majestuosa empresa que le aporta la adrenalina necesaria para que su naturaleza se haya convertido en una depredadora insaciable que no dudará en acabar con lo que se interponga en su camino. En este punto de la serie se nos plantea una verdad que empezábamos a intuir pero que nos daba miedo: Walter White no tiene límites.

Punto y aparte merece la última temporada. Aunque la serie inicialmente iba a terminar en su cuarta temporada (y Pinkman no iba a pasar de la primera),  logran reinventarse lo suficiente para alargar el goce de sus fans hasta límites insospechados. Un alarde visual donde cada capítulo se transforma de una forma casi asfixiante en una epopeya de ritmo, conclusiones y diálogos. La revelación de la verdad, los intentos en vano de salir airosos de una situación que han construido sobre naipes de papel y los problemas con el laboratorio móvil, mantienen en vilo a los seguidores.

Tras verle en la cima, todo su esfuerzo y dinero quedan reducidos a un montón de papeles que solo puede comprarle a nazis coléricos para acabar con la gente. El poder que un día tuvo en su mano se ve consumido por la avaricia y el control, forzándolo a elegir entre los billetes verdes o la razón de todo aquello: su familia. En la recta final volveremos a echar de menos a ese profesor escuálido, con un aspecto mediocre por la enfermedad que lo envenena y sin un sentido claro. Ver la evolución del Rey, desde sus inicios, su vertiginosa escalada, para llegar finalmente al momento de desesperación cuando se da cuenta de lo que ha hecho, es simplemente una sensación que pocas series logran transmitir. Breaking Bad por el contrario lo borda.

Visualmente hablamos de una serie que combina planos imposibles y artísticos con una realidad cruel que hace las delicias de los paladares más exquisitos. Un aporte estético que acompaña a una historia de por si adictiva, unos personajes profundos y unos diálogos fieles y fuertes. Con la mirada puesta en los detalles, nos deleita con sublimes enfoques y el acompañamiento musical que pone la guinda al pastel. La historia adictiva de la serie nos ha ofrecido una evolución de los personajes increíble, una psicología in crescendo que se movía por las motivaciones personales: Mr. White su familia y su imperio; Pinkman hacer lo que cree que es correcto; Hank perseguir hasta el final al responsable; Skyler proteger a sus hijos; Saul sacar a todos de los líos en los que se meten, y así sucesivamente hasta completar un elenco magistral. Una última temporada que añade un grupo de impredecibles (y eficaces) mercenarios nazis que aportarán una tensión nunca vista en los últimos episodios.

Pero al final, en un momento de confesiones de último minuto, sabemos la verdad. No se trataba del dinero, la droga o la familia, Walter White hizo lo que hizo por el subidón que le daba el poder, porque le gustaba, y porque era rematadamente bueno en ello. Y así, en 5 minutos, ponen en palabras lo que todo fiel seguidor había asumido hacía mucho tiempo. Quitada esa espinita podemos cerrar los otros asuntos antes del glorioso final.

Ante el momento de la verdad White hace lo único que podía hacer y se dispone a cerrar todos y cada uno de los cabos sueltos. Su familia quedará cubierta con el sucio dinero, sin saber jamás que proviene de él (sacrificando ese orgullo que le ha llevado hasta ahí, toneladas de Azul y que le ha costado una larga lista de muertos a sus espaldas), poniendo fin a su sello personal (él es el único dueño y señor con el derecho a firmar el cristal más famoso del mundo) y haciendo las paces con su compañero de cocina. Un cierre de oro a la altura de una serie insuperable que deja buen gusto al paladar y la satisfacción de saber que ha ocurrido exactamente lo único y lo mejor que podía pasar. La despedida con esta canción aporta el toque nostálgico que arranca los aplausos entre los fans.

Puede que mi post se haya alargado demasiado, pero también puede que estemos ante el mejor drama que haya visto el panorama televisivo y tenía que estar a la altura. Espero que, ya que es imposible resumir la grandiosidad de esta serie, al menos os pueda dar una idea aproximada del recuerdo que, a servidora, se le ha quedado grabado a base de cocina azul.

Ahora sí. Hasta siempre.

#GoodbyBreakingBad

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3 comentarios

  • Enlace al Comentario Capt. Hilts Domingo, 13 Octubre 2013 08:22 publicado por Capt. Hilts

    ¡Por Dios! Que nadie se olvide de Saul Goodman y su histrionismo. Better call Saul!

  • Enlace al Comentario elGazapo Martes, 01 Octubre 2013 22:05 publicado por elGazapo

    Ya siento nostalgia, como si hubieran pasado años desde la ultima escena de Walter tirado en el suelo sonando Baby Blue.
    Los que tuvimos la suerte de disfrutar de esta serie desde el principio cuando nadie había oido hablar de ella parece que nos pertenece, como si fuera un grupo desconocido al que sigues antes de que se convierta en un superventas.

    Para mi es la mejor serie que he visto en toda mi vida y no son pocas.
    Con un subidón años tras año, en el que el espectador no para de disfrutar. Para acabar con 8 capítulos agrios, al ver desmoronarse a un personaje con el que ya has convivido.

    Estoy seguro que muchos pudieron ser los finales, incluso más agradables para el espectador y su creador lo hubiera clavado porque es un maestro.

    Técnicamente insuperable, producción y realización, cuidando miles de detalles. Con flash fowards impresionantes.
    Para siempre Breaking Bad.

  • Enlace al Comentario GABUDIO Lunes, 30 Septiembre 2013 20:54 publicado por GABUDIO

    aun recuerdo la primera vez que lo vi, recomendada por un amiguete... y hasta hoy, hace dos horas, que acabe de ver la serie... simplemente esplendida...!!! #GoodbyBreakingBad

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