Black Mirror: las pantallas de tu vida

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Tres situaciones. Tres realidades. Tres historias. Tres ambientaciones. Una cosa en común: la tecnología llevada al extremo. ¿La dominaremos o seremos sumisos ante el poder que tiene en nuestras vidas? Con una atmosfera tan sombría como atrevida nos lo muestra la miniserie británica Black Mirror.

Habiendo oído mucho sobre ella y sin tener muy claro todavía de que va, servidora aquí presente se deja llevar por la corriente y decide que ya es hora de echarle un ojo a la serie que ha levantado ampollas en medio mundo.. Comienza entonces un viaje para conocer los límites del ser humano y el impacto que tiene lo tecnológico en nuestro día a día. Todo esto expuesto a un ritmo frenético, sin conexión aparente y con un aura de futurismo mezclado con grandes dosis de imaginación. Si el objetivo final de la ciencia ficción es que te creas no solo la historia, sino el encuadre, la ambientación y todos los hilos que la envuelven, aquí desde luego que lo consiguen. El protagonista indiscutible es el ser humano, sus reacciones y su adaptación a un medio de vida condicionado (y conducido) por los avances, bajo la radicalización del “y si...”. El responsable de la serie y guionista de los dos primeros episodios, que también tiene bajo el brazo otra producción inglesa, Dead Set, nos conduce a un juego psicológico en cada historia

En el primer episodio nos encontraremos como en casa, por lo menos en lo que se refiere a ambiente histórico, y nos servirá como introducción al poder de los medios (digitales, tecnológicos y de comunicación). Ante la trama (y todas las preguntas racionales que intentaremos hacernos mentalmente) nos encontraremos con que según avanza el capítulo nos elaboramos nuestra propia idea de cómo reaccionaríamos en esa situación. Realmente Black Mirror se trata de eso, de hacerte a ti mismo dudas de tus propias decisiones. ¿O acaso es tan extraño pensar que hoy en día alguien puede, mediante el simple acceso y manejo de tecnología, tener el control sobre una persona, estado o situación mundial? ¿Realmente estamos tan determinados por nuestro entorno mecánico?  Duda, razonamiento, desesperación e incluso angustia, todo ello a contra reloj es lo que ofrece esta primera historia introductora.

Pero el ser humano es una lucha constante por la evolución, y con ello pasaremos al segundo capítulo, donde la realidad no es la que conocemos. El mundo ha cambiado, se rige por otras leyes y normas, y la sociedad, en su lucha interna por la supervivencia, se ha rendido a ellas. Pero todavía tenemos algo en común: la tecnología nos envuelve y nos determina. Aquí nos enseñan un modo de vida con interfaz, que aunque pueda parecer demasiado radical, se integra a la perfección, limando cada detalle. En una estética que parece una mezcla entre vivir dentro de una recreativa y una Tablet, la historia importante y satírica de una sociedad poseída por el avance, se combina a la perfección con la novedad del entorno y la ambientación cuidada. Cuando no hay esperanza, cuando no hay metas y vives por y para otros, ¿realmente podrías luchar por un sueño, o es solo la ilusión de hacer más llevadera tu existencia? ¿Hasta que punto acomodarnos a algo significa ceder? Mi episodio favorito de esta miniserie nos hablará de moralidad, adaptación y la corrupción del ser humano.

En la recta final la serie no baja ni una pizca de calidad, y si ya hemos visto como puede afectar la tecnología a un gobierno y a una sociedad consumida, ahora le toca el turno a las relaciones personales. Dejamos la estética a la altura de lo normal y abrimos la posibilidad de los implantes. Si los avances condicionan nuestra vida, ¿por qué no hacer que formen parte de nosotros? Parece lo más sensato potenciar al ser humano, hacerlo evolucionar y desarrollarlo con ayuda de todo lo que disponemos a nuestro alrededor, pero dónde está el límite. ¿Hasta dónde nos ayuda y hasta dónde nos condiciona? En este último capítulo nos hablarán de las relaciones, de cómo la tecnología no complementa nuestro día a día, sino que lo determina. Si complementamos máquina y hombre, ¿llegaremos a pensar en binario o solo será un potenciador de nuestra mente? Esa es la pregunta que transmite una historia basada en el dominio de lo mecánico sobre el dominio de la mente.

Mini-películas envasadas en dosis individuales, con una ambientación de ciencia ficción que convence, bien contada y sin hilos sueltos, Black Mirror profundiza aún más y te ofrece el retrato satírico de una sociedad que mantiene la idea utópica de que aun es ella quien controla la tecnología y no al revés. Situaciones llevadas al extremo en las que sin embargo la acción humana de respuesta la podemos ver día a día en nuestras vidas. Todo lo que ves está condicionado, modificado o inducido por una pantalla, tu vida transcurre alrededor de ellas, y esta serie solo las ha dado un toque oscuro y extremista (que puede que muchas ya tengan), pero la verdad es que están ahí.

Puede que ahora que has leído el post todavía no tengas muy claro de qué trata la serie ni que te vas a encontrar cuando te decidas a verla, pero créeme cuando te digo que es mejor así. Nada puede prepararte para Black Mirror.

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