La receta de The vampire Diaries

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Nos unimos esta semana al fenómeno colmillero para dejarnos llevar por las aventuras de un trio amoroso, esta vez en la pantalla pequeña. Los ingredientes son vampiros, hombres lobos, híbridos, brujas, fantasmas y cualquier ser que pueda ir al instituto, todo ello especiado con una dosis alta de hormonas y fiestas.

Esta semana no hace falta pensar demasiado ni estar pendiente de los detalles. No nos subirá la tensión pensando quién sobrevivirá, ni nos pegaran sustos que nos levanten del asiento. No nos envolverá una trama con giros impredecibles, coherente y elaborada. Simplemente dejamos que nuestro cerebro descanse con una telenovela de amor teen con algún que otro desgarre de garganta. Así clasifico Crónicas vampíricas (mala traducción ya que coinciden con unos libros del género sobrenatural muy distinto), como una de esas series basada en novelas para jóvenes adultos (menudo eufemismo acabo de colar) que pese a su simpleza ofrece un producto que arrasa en los medidores de audiencias (la cadena The CW se esta especializando en ese tipo de series), y de premios. ¿Cuál será su receta para el éxito?

Si mezclamos en un bol el carácter protector y moralista de Stefan (y su destripador interno) con la mentalidad ardiente, salvaje y provocativa de Damon, tenemos a los hermanos Salvatores, un par de vampiros (de los que sí que beben sangre) con un problema común: obsesionarse/enamorarse de la misma chica. Tipica historia de "sí culo veo culo pá mi", aunque puede sorprendernos la longevidad de esos lazos. La chica en cuestión parece haber sido cultivada por ángeles y regada por vírgenes, porque roza tanto los estandartes de bondad que resulta cargante y pedante (aunque con tales seres llamando a la puerta de su dormitorio guarda sus remilgos debajo de la cama). Para alguien con tanta reticencia ante la muerte le acompaña bastante en su día a día (véase familia, amigos, profesores, compañeros...). Lo único que da frescura al triángulo y lo mantiene a raya para no transformarse en una historia melosa hasta el punto algodón de azucar, son los momentos locos (la mayor parte del tiempo) de Ian Somerhalder, el único vampiro que se comporta como tal y además lo disfruta. Pero hasta aquí no hemos descubierto ningún condimento especial que la diferencie del resto del género (con o sin colmillos puntiagudos).

Con el azúcar glass y la canela en la mezcla, es la hora de ver cómo queda la masa. Al principio parece que tiene la consistencia normal: una historia para conocer a los personajes, adorarlos u odiarlos a antojo de los guionistas. Con algún trauma de por medio, secretos que ven la luz (y otros que no), flasback para mostrar los recursos de vestuario y ningún adolescente normal. Si no te van los traumas de instituto (con o sin asesinatos de por medio), no te preocupes porque el tiempo que pasan dentro de la escuela es solo para abrir y cerrar la taquilla o para reunirse clandestinamente en alguna clase vacia, lo inexplicable es que la serie no continue hasta sus 35 años ficticios, porque es aproximadamente la edad a la que deben obtener el título. Pero cuando te cansas de amasar llega la hora de darle puñetazos a la masa y hacer muñequitos con las manos pringadas: es el momento de tener una idea loca y meterla de cajón justificándola como puedes sobre la marcha.

Añádele algo exótico, ya sea una doble, la historia del pueblo, el primer clan vampiro (de cinco me sobran tres), brujas hippies, un botón de conciencia modulable (a lo Robocop) o cazadores. Para la presentación puedes acompañar el plato de tramas secundarias que no terminan de tener fuerza pero que te amenizan los planes que lleva media temporada planearlos y dos minutos echarlos por la borda.

¿Qué nos aporta entonces? ¿Componente extra de vitaminas? A parte de ser una de esas series recomendadas para aprender inglés (dado su nivel de vocabulario y la simplicidad argumental), te ofrece la posibilidad de dejar tu mente en blanco y despejarte con una serie poco compleja. Le puedes extraer el jugo: es el momento dejándote llevar y ver cómo resuelven los líos en los que se meten y qué nuevos elementos/personajes/fuerzas aparecen para arreglarlo (o complicarlo más). Puedes ablandarte con los momentos sensibleros o deleitarte con los personajes con carisma (pocos y casualmente en el bando “malo”). También puedes optar unirte a las miles y miles de fiestas que celebran por todo lo alto con la excusa de conmemorar alguna fecha importante. Pero lo cierto es que el fenómeno Salvatore ya va por su cuarta temporada y no tiene pinta de que vaya a parar de matar inocentes por el momento.

Quizás debamos repasar nuestro libro de cocina. Puede que la receta este mal, o debamos ir haciéndonos a la idea de que es una de esas comidas que no tiene nada especial y simplemente te gusta (o no). De esas que son una mezcla de salado y metálico. Ah no, que eso era la sangre.

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