Homeland: It Hits Home

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La segunda temporada de Homeland no solo mantiene el ritmo frenético,  las actuaciones estelares, los giros de trama y la doble visión de la historia, sino que añade algo más. Esa inquietud constante que teníamos entre Carrie, la obsesionada, y Brody, el terror de las naciones, parece que ha subido  al nivel DEFCON 1.

 He sucumbido a las tramas enroscadas y a los personajes con obsesiones (cada uno la suya) de Homeland tras negarme (injustificadamente) a verla. En algo más de tres días me he puesto al corriente de la lucha interna de la oficial de operaciones de la CIA Carrie Mathison, sus problemas e inquietudes, así como su amor incondicional y su destreza innata  en lo que hace. He seguido de cerca la historia del recién resucitado y puesto en un altar Sargento de la Marina Nicholas Brody, preso de guerra con cicatrices físicas y mentales, que ha confraternizado con el enemigo de la nación más poderosa del mundo y se ha dado cuenta de que su país no libra las luchas justas que dice. Y por supuesto que me ha ablandado mi tierno y friki corazón Saul, el maestro, mentor y ángel de la guardia de Carrie (aunque siento un pellizco de decepción, me he pasado toda la serie esperando que desenvainara una espada y amenazara a alguien).

También, en este breve e intenso periodo, he conocido a la familia del nuevo salvador de los Estados Unidos, dividida por el dolor y pegada con superglu y algunos parches. En seguida me cayó bien Dana, adolescente sin pelos en la lengua que siente tanto respeto como amor incondicional por su padre (mezclado con un poco de miedo a veces).  

 

Hechas las presentaciones oportunas, hay que mencionar las magistrales actuaciones de los personajes principales, haciendo que en momentos lo pases realmente mal y sientas la angustia que atraviesa al personaje, y otras simplemente enseñándote todo lo que pasa por sus cabezas para que entiendas por qué hacen lo que hacen.  Aunque hablamos de conductas radicales, de decisiones profundas con grandes sacrificios y de mentalidades rotas (o al menos con rasguños) sabemos por qué todo eso está justificado. Entendemos qué fue lo que ocurrió para que Brody, congresista posicionado y ascendiendo en la carrera política a ritmos escandalosos, dedique sus ratos libres a mantener la promesa de vengar a los verdaderos verdugos del país que matan sin justificación y por el interés.  Y si le pasamos el turno a las rubias, el papel de Carrie como (ex)agente de la CIA con problemas de personalidad (y de sueño) transmite verdadera ansia mezclada con impotencia. Pero seguro que ahora que sabe que ella tenía razón, nos deja que le veamos en su elemento, en su máximo esplendor haciendo lo que mejor sabe hacer: defender a su país de terroristas. Esta vez off the record.

Han descubierto la verdad y tienen una bomba de relojería animando a futuros soldados desde un micrófono, ¿cuál es el siguiente paso? Y aquí está la brillante cabeza de Saul y su mano fría para controlar la situación: sigámosle el juego. Si pensábamos que intentar parar un ataque terrorista contra el país era difícil y excitante desde la agencia, imaginémonos por un momento todo eso en manos de profesionales que lo hacen movidos por sus instintos y fuera de los libros. Deben aprender cuál es la verdadera naturaleza de la amenaza, hasta qué punto Brody puede cargárselo todo, y tratar de acabar con la célula terrorista desde la raíz. Eso es un objetivo de fin de año y no lo que me propongo yo en la cena familiar.

Por ahora tengo una cosa clara: si alguna vez te ronda por la cabeza la idea de tomarte la justicia por tu mano contra los grandes cargos políticos de tu país, no grabes en video.

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Erio!

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