Peaky Blinders, whisky y mafias

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Si crees que tu familia es la leche espera a conocer a los Peaky Blinders, mafiosos sin escrúpulos en su incesante lucha por subir de poder, todo ello bajo el amparo de la decadencia de los años 20 en una época donde el alcohol, las apuestas y las cuchillas forman parte del día a día.

Tenía ganas de una serie de esas que te absorben por completo, nublando tus sentidos y trasladándote a otro momento y otro lugar. En esas andaba yo cuando llegó a mis oídos Peaky Blinders, un drama de tan solo seis episodios que ya suma dos temporadas a esperas de la tercera, Con el sello de calidad propio de la BBC, me aseguraba cierta garantía, pero una parte de mi seguía desconfiando de la clásica historia de mafias, poder y alcohol. Menos mal que me equivocaba y he descubierto una de las series más completas del momento. Los actores bordan el papel haciéndote sentir de la familia, la fotografía realista te traslada a la Inglaterra de principios del siglo XX y la música con toques de rock da el punto de perfección.

La Gran Guerra ha hecho mella en las familias, despojándolas de la fuerza y trabajo masculino, las mujeres han tomado el mando de los negocios. Ahora, con el fin del conflicto, en plena década de 1920, toca volver a casa con demasiadas cicatrices que no se ven y enfrentar el nuevo orden. Mientras, en la ciudad inglesa de Birmingham, los Peaky Blinders mantienen el orden dentro de su propio caos, impartiendo justicia a su manera. 

La paz que han logrado hasta ahora está a punto de estallar cuando las ansias de poder del cabeza de familia, Thomas Shelby (Cillian Murphy, alias el Espantapajaros) se mezclen con asuntos gubernamentales algo turbios. Rápidamente la situación se convertirá en un huracán entre los altos mandos de la policía y los militantes del IRA. Comienza entonces una batalla a pie de calle entre clanes y poder, una mezcla entre pelea de bar y ajuste de cuentas. Es difícil conseguir una serie de época que no caiga en la simplificad de lo conocido y se retuerza entre adornos, pero en esta serie encontramos una trama potente, muy condensada y que atrapa entre los tejemanejes para que los planes salgan bien. Partiendo de una situación de familia basada en la superación y la extorsión, iremos conociendo las historias de cada miembro, así como si influencia en el devenir del resto.

 

El respetado Thomas añade al show carisma y la posibilidad de unos giros de trama inesperados que te definen en el sofá pensando: “y cómo no vi eso venir?”. Las mujeres, que han manejado el cotarro en ausencia de un toque varonil, no se quedarán atrás. La tía Polly (Helen McCrory) será la conciencia, el cariño y la mano dura, que no flaqueará en su misión de proteger a sus sobrinos al precio que sea. Han probado el mando y no volverán a dejarse someter, demostrando su fuerza allá por donde pisen a golpe de tacón. El resto de la familia, siempre obediente a las órdenes del único con cerebro para proveerles del futuro grandioso que se merecen, cumplirá su misión. Creciendo para forjarse una reputación, ser temidos y respetados a partes iguales, y por ello no dudarán en usar su marca personal: unas cuchillas incrustadas en cada gorra Blinders. 

Todo ello mezclado con los traumas bélicos que todos acarrean, el metralla chocando contra las paredes, las pesadillas y las numerosas secuelas, harán del hogar su propio infierno. Antaño compañeros de armas, las relaciones con los idealistas y revolucionarios del momento no serán nada sencillos. Y la cosa se va complicando conforme las relaciones personales y los deseos se interponen en su camino. Crecer en la esfera ilegal a base de sangre y odio, trabajar para hacerse un hueco en la sociedad legal, una guerra de clanes y la desaparición de un cargamento de armas, despierta las alarmas del mismísimo Churchill, quien envía al Inspector Campbell (Sam Neill, aquel que jugaba con dinos en “Jurassic Park”). 

Con un curriculum de fiereza indiscriminada y métodos sangrientos nada ortodoxos, tras conseguir reprimir las revueltas de Belfast, su misión de recuperar el cargamento se volverá personal cuando entre al juego de los Peaky Blinders. Clanes rivales, una revolución en curso, dramas personales, y el frío acero de la ley siempre en la espalda, son algunos de los obstáculos a los que deberán enfrentarse. Tirando de ingenio, los planes para ascender y atar cabos serán dignos de un superviviente cuyo honor y moral tienen sentido dentro de ese mundo de cuchillas y pistolas.

Una ambientación de sobresaliente que se junta en escena con una banda sonora con tintes de rock, pero sin dejar de lado ese aura de gansters y novela negra. Una gozada para los sentidos con una fotografía realista y cuidada, que envuelve un drama con una historia en constante evolución. La música se tiñe de rock para combinar la serie con una pinta bien fresquita.

A modo de curiosidad, por si os pica el gusanillo, deciros que los primeros capítulos están dirigidos por Otto Bathurst, autor del primer episodio de Black Mirror y que está basada en la historia real de la familia. 

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