Cabañas en el bosque (3): The Blair Witch Project (1999)

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La medalla de bronce en nuestro ránking de cabañas se la lleva The Blair Witch Project, película de capital importancia para la historia del cine.

1999 fue uno de esos años cruciales para la historia del cine. Así como lo fue 1977 -aparte del año en que yo nací- con el estreno de La Guerra de las Galaxias, en 1999 -mediados de julio- se estrenaba una película llamada a cambiar la historia del séptimo arte: una de esas raras ocasiones en las que se alinean los elementos y nace algo, quizá no del todo original, pero sí con la suficiente personalidad como para que se hablara de un antes y un después. Estamos hablando del estreno de The Blair Witch Project, uno de los mejores falsos documentales de la historia y, a mi parecer, una de las mejores películas de terror de todos los tiempos.


Sí, claro, antes estuvo Holocausto Caníbal. Sin ésta, The Blair Witch project, seguramente, hubiese sido una película completamente diferente. Las dos películas comparten forma aunque el fondo es bien distinto. Lo de Holocausto Caníbal fue un troleo en toda regla. El director, Ruggero Deodato, hizo firmar a los actores una cláusula en la que debían desaparecer de la vida pública para hacer más veraz el suceso que contaba la película: un grupo de documentalistas que van a la selva a filmar tribus caníbales y acaban siendo devoradas por ellas mismas. Años más tarde, un grupo de rescate va en la búsqueda del grupo desaparecido y encuentra unas cintas, revelando el trágico -y comestible- destino al que se han visto abocados. Le metieron un buen puro al señor Deodato. Se lo habían tragado todo. Lo citaron a juicio, incluso, y tuvo que hacerse acompañar de los actores. Sí, la prueba de su inocencia eran los propios actores, que seguían respirando, y no habían sido comidos por el tercer mundo.


The Blair Witch project se jugaba el todo a la misma baza: el hacer creíble mediante el engaño publicitario una historia escabrosa. A saber, un grupo de tres estudiantes de cine, en 1994, deciden hacer un trabajo audiovisual sobre una leyenda situada en Burkittsville, Maryland -antiguamente llamada Blair-. Según la historia, Rustin Parr, un lugareño, habría secuestrado a 7 niños, dándoles muerte en el bosque tras ser horriblemente torturados. Una vez detenido, alegó estar poseído por el espíritu de una bruja, Elly Kedward, ajusticiada mediante la horca en el siglo XVII. La película se rodó en tan solo 8 días -aunque se tardó 8 meses en editar todo el material grabado-. Los mismos actores rodaron la película, teniendo que ser preparados previamente en un curso acelerado de cine. Los directores, Eduardo Sánchez y Daniel Myric, les dieron un esbozo de 35 páginas para prepararlos. En ese desarrollo apenas se contaba la leyenda y las primeras directrices que debían acatar.

Se les fueron entregadas dos cámaras, una de 16mm, que llevaba el actor Josh Leonard. A Heather Donahue se le dio la otra, una cámara de video Hi-8 encargándose, asímismo, de la narración del documental. El sonido fue grabado por el actor Michael C. Williams. A ninguno de ellos se le informó de que la leyenda de la bruja de Blair fuese mentira.


Todo lo que se ve en pantalla destila realismo porque todo lo que se ve es real. Me explico. Todas las reacciones del equipo de rodaje que vemos filmadas en el parque de Seneca Creek son auténticas. Aunque se les vigilaba mediante GPS y walkie-talkies -perdiendo la señal, incluso, durante tres veces, el sentimiento de abandono de los actores era bastante imaginable. Los directores se dedicaron a martirizar a los actores, asustándolos, produciendo sonidos extraños cerca de ellos; les dejaban la comida por pistas -un poco de menos cantidad cada día para acrecentar el conflicto- y ninguno de ellos sabía qué iba a pasar al día siguiente de rodaje. Todo ello en pos de la veracidad. Una vez hubo acabado el rodaje, la maquinaria maquiavélica del combo de directores se puso en marcha, originando una de las más enormes muestras de marketing viral que se recuerda: aparecieron webs de búsqueda de los actores -que mantienen sus nombres reales en la película- dándolos por desaparecidos; otra web sobre el mito de la bruja apareció de repente de la nada, causando un enorme revuelo entre los internautas.

La bola crecía y crecía: iba a estrenarse una película absolutamente real en la que el espectador podría ver los atroces sucesos acaecidos a estos tres jóvenes. Solos, en el bosque, habían rodado un documental sobre una leyenda oscura y horrenda. Las cintas se encontraron y las iban a estrenar en el cine. Nadie quiso perdérselo.


Así fue como TBWP es, a día de hoy, la película independiente -la produjeron los mismos directores bajo su empresa Haxan Films- más rentable de toda la historia del cine: costó $22.000 y recaudó la cifra de $584.639.099. Poca broma. Largas colas se veían en los cines en los que se proyectaba. Hubo gente que aún cuando acabó la película se negaba a creer que lo visto fuese una mentira, una triquiñuela parida por la mente gloriosa y perturbada de dos jóvenes estudiantes de cine. Según parece, incluso a día de hoy, hay gente que aún cree que la historia de TBWP es real.
The Blair Witch Project no es solo de capital importancia en la historia del cine por lo que supuso: creo un género en sí misma, el found footage, que ha dado lugar a cintas tan maravillosas -y mainstream- como Cloverfield. Es importante porque, a día de hoy, queda como una de las películas que más atraparon el concepto de MIEDO y PESADILLA en sus imágenes y argumentos. El miedo a lo desconocido y a la oscuridad; el terror atávico de perderse en un bosque; la angustia de enfrentarse a monstruos humanos, las brujas, las posesiones, los cultos; las extrañas figuras que aparecen -ese muñeco hecho con palos que aún me produce escalofríos... Y ese final que se graba en la cabeza, que es capaz de producir terrores nocturnos muchos días después de haberlo visto. The Blair Witch Project es una película que se vive, a la que se asiste con pavor aún sabiendo que nada de lo que aparece es, del todo, real. Es, sencillamente, y a día de hoy, la última película de TERROR que ha parido el cine.

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