Cabañas en el bosque (6): Evil Dead (2013)

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Llegando casi al ecuador de la lista nos encontramos con una película reciente, y una de las más arriesgadas. Lo tenía todo para perder y resultó ganadora en todos los aspectos. El remake de la inolvidable EVIL DEAD.

Hay que tener unas pelotas muy grandes para hacer un remake de Posesión Infernal, que es como conocemos en España, desde siempre, a The Evil Dead. Y hay que tenerlas porque, por un lado, The Evil Dead es un título de culto con legión de fans: de ese tipo de fans que va a convenciones de cómics; de ese tipo de fans que colecciona Blu-Ray del género; de ese tipo de fans que se toma las cosas muy a pecho, sobre todos las cosas por las que siente pasión. Y cuando se las tocan, cuidadito, porque se cabrean y pueden hacerte la vida muy complicada.

Por otro lado, The Evil Dead es una de las películas más importantes de toda la historia del cine por las características tan peculiares que contiene, por como se forjó y el resultado que dió. Por lo tanto, fastidiarla, cagarla, producir un título cutre y chabacano, dedicado a contentar a la chavalería que llena las salas de cine, era muy, muy sencillo. Ya vimos, por ejemplo, lo que se hizo con el remake de Viernes 13, que echaron a perder el icono de Jason, convirtiéndolo en alguien que podía correr -el monstruo siempre se ha caracterizado por su parsimonia, incluso tosquedad, de movimiento- e incluso, medianamente, empatizar con alguna de sus víctimas.

Sin embargo, y he aquí lo primero que sorprende, el remake de The Evil Dead, desde el primer momento, tuvo clara su condición de producto para el público adulto: nada de tonterías, ni chiquillerías, ni humor basto, ni golpes de efecto ridículos, ni música atronadora, ni sustos gratuitos. Iba a ser algo serio, muy violento y con la intención ferrea de dar asco y miedo, algo realmente inusual en el cine de terror comercial actual, más interesado en contentar a ese sector del público al que, en realidad, se la suda el género y se siente satisfecho con unos cuantos jarrones volando por aquí y una figurita fantasmal por allá-no quiero mirarte a ti, James Wan, ni quiero mirar a películas tales como Insidious o The Conjuring-.

Y lo primero de todo era cómo acometer la historia, si ser fiel a pie juntillas al original o intentar deformarla, en el buen sentido de la palabra, y ofrecer algo distinto siendo respetuoso con su precedente. Para fortuna de todos, se optó por lo segundo. La historia es ligeramente diferente y hace alarde de algo que raramente vemos en una película de este género: es lógica, los personajes no actúan de manera imbécil. Ya por esto la película tiene un aprobado alto. Y es solo uno de sus numerosos puntos positivos.

Fede Álvarez, uruguayo de nacimiento, rechazó utilizar CGI a la hora de hacer el remake de The Evil Dead. El CGI, para los neófitos, es el típico -y molesto- efecto especial computerizado. No sé si habéis visto la precuela de La Cosa, una película que no estaba demasiado mal, salvo por esos espantosos y horripilantes efectos computerizados que insultaban la artesanía de una obra maestra del stop-motion.

A eso me refiero. En el cine de terror no se puede dar asco con un efecto digital. No. El látex es insuperable a la hora de producir el efecto porque el látex existe, lo puedes tocar. El látex o los huesos de pollo que se usaron como sustitutivos de los humanos en La Noche De Los Muertos Vivientes, por ejemplo. Los efectos digitales no existen, son algo virtual y, por muy sofisticados que sean, aún no son capacer de emular, al ciento por cien, la sangre y la carne humana -que ya me veo que vais a empezar con “Pues el tigre de La Vida de Pi bien majo que es''. Así pues, Evil Dead (2013) es una película cuyos efectos sangrientos y de casquería no son virtuales. Son reales. Y dan asco. Mucho asco. Y la sangre utilizada es líquido, liquido real, que resbala por la cara de los actores y les mancha el pelo y las ropas. Y da asco. Mucho asco.

El remake de Evil Dead es una estupenda película de terror por sí misma. No ridiculiza el original, ni intenta, en modo alguno, superarlo. No tiene pretensiones, solo la pura y dura diversión de pasarlo mal pasando asco, o pasando angustia, sin (ab)usar de música alta ni sustitos de feria. Sus actores hacen un buen papel y están correctamente perfilados. Fede Álvarez impone su estilo pero se deja llevar, en ocasiones, por el estilo esquizofrénico que caracterizaba el buen hacer -qué tiempos aquellos- de Sam Raimi, sin que moleste o suene a profanación. Evil Dead (2013) es una atracción de feria en la que da gusto sentarse aún a sabiendas que se va a sufrir un poco. Ojalá todos los remakes fuesen como este, que dan lustre y acercan a las nuevas generaciones a la película que versionan, a esas obritas menores sin las cuales ninguna de las que se estrenan ahora existiría.
Ojo, por cierto, a los títulos de crédito. Vean la película hasta el final. Me lo agradecerán.

 

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