Cintas, vinilos y Luis Cobos

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Resulta que el bueno de Godlestat ha tenido a bien escribir un post sobre su grupo favorito en esta tan magna página y me ha picado con el gusanillo musical. Me había planteado hace tiempo hacer algún post sobre los grupos que me gustan o sobre mis discos favoritos y de paso hacer un repaso de cómo ha cambiado la forma de oír música desde los 80 hasta ahora.

Mis primeros recuerdos musicales vienen de oír casetes en el utilitario familiar en esos viajes eternos hasta “El Pueblo”. Con el tiempo me daré cuenta que apenas eran 100 kilómetros pero para un niño con las carreteras de antes y un Seat 124 con las ventanillas bajadas era como un Viaje a Mordor. En dichos viajecitos lo normal era escuchar a los clásicos patrios: José Luis Perales, Mocedades y Juan Pardo, al final te acababan atrapando con sus alegres tonadas y amagabas con tararear algún que otro estribillo. Luego vendrían: Mecano, La Década Prodigiosa y Luis Cobos, en algún momento si no lo hace Godlestat antes, habría que hacer un post sobre: “El Bigotes de Campo de Criptana”.

En esos tiempos lo que lo petaba eran las casetes, incluso se vendían en bares y gasolineras y te permitían hacer copias de seguridad de los vinilos y de otras casetes. Era esencial disponer en casa de una cadena de música para poder grabar cintas a cascoporro, había entre los coleguitas siempre algún artista que con la ayuda de un simple boli Bic y mucha imaginación convertían las carátulas de las TDK en una pequeña Obra de Arte, si a eso le sumamos la habilidad de algunos para hacer recopilatorios molones, había auténticos genios de la edición que grababan de la radio los éxitos del momento sin apenas notarse los cortes, artistas del corta pega que se perdieron como lágrimas en la lluvia con la llegada de Internet.

El gran salto del casete fue la llegada del Walkman de la mano de Sony, podías ir por la calle con tus auriculares de diadema con esponjillas naranjas escuchando: “Billie Jean” y pensar que eres el Puto Amo del Barrio y nada te podía detener. Lo cierto es que si querías molar y estar a la onda tenías que tener un Walkman de Sony o al menos un Sanyo, un Aiwa o alguna marca de esas de los Decomisos que te permitiera aislarte de tu hermana pesada y de las broncas paternas. El Walkman cambió la forma de escuchar la música y siempre estaremos agradecidos a Sony por tan magno invento.

En la Cadena de Música grande del salón había un gran desconocido en la parte superior que era el casi mítico: “Tocadiscos”, si bien podías hacer uso de las cintas con sumo cuidado el mencionado artefacto era prácticamente intocable. En algún momento de valentía habías observado como tu Padre había puesto un disco enorme negro en dicho artefacto y después de un extraño ritual salía música por los altavoces. Tras muchos ruegos fui instruido en el manejo de tan extraña máquina y descubrí tarde la fragilidad de la aguja, cuantas fueron destruidas es un misterio que aún hoy en día me perturba.

El caso es que si bien recuerdo comprar algún que otro casete, aunque la mayoría eran TDK no nos engañemos, recuerdo tener dos discos propios: uno fue la Banda Sonora de la peli de las Tortugas Ninja que me regaló un colega y otro fue un disco de Kylie Minogue que compré por hacer caso a mi primo: “Si lo Compras en Vinilo siempre lo podrás grabas en cinta y al final lo tendrás en los dos formatos”-Verdades como puños que venían del primo mayor y eran para mí como el Talmud para los judíos. Es curioso como con el tiempo ha vuelto el vinilo y es el formato que más adoro y mejor se colecciona, formato que por cierto mi Primo Mayor colecciona con fervor casi religioso, estar en su caso disfrutando de sus platos Technics y la mejor colección de vinilos de Heavy Metal y Rock de la Sierra Madrileña es un enorme privilegio, puro tiramisú oigan.

La revolución llegará al poco en formato digital, en unos discos que prometían que serían prácticamente indestructibles y que oiríamos a los artistas como si estuvieran en nuestro salón. Al principio fue un objeto codiciado y algo más intocable que el mismísimo Tocadiscos, era un objeto muy caro y los niños no éramos dignos ni de mirarlo siquiera. Los primeros cds que llegaron a mi casa eran recopilaciones de música rock y versiones de bandas sonoras, más tarde llegarían los cds de artistas conocidos pero eran tan caros que se reservaban para ser regalados en cumpleaños y en Reyes. La revolución llegaría a posteriori con los idolatrados Discman, Sony lo volvió a conseguir y los Radio Casetes con Cd que eran el regalo estrella de Comuniones y Navidades.

Los primeros Discman eran carísimos y no podían apenas moverse ya que las pilas duraban menos que en la Game Gear y saltaban los cds al menor movimiento, con el tiempo se solucionarían esos problemas y cambiaríamos el Walkman por el Discman sin apenas remordimientos. Era la bomba poder tener en tu habitación un sistema de sonido para tu disfrute personal, pudiendo escuchar tu música favorita sin intromisiones familiares, salvo que el volumen fuera elevado y pudiera molestar a los vecinos, estoy seguro que mi temprana afición por el Heavy Metal y el volumen alto hizo que me amara gran parte de mis vecinos colindantes. El CD fue un gran invento pero no fue la panacea que nos quisieron vender.

También existía un formato extraño llamado: MiniDisc (también de Sony), pero su elevado precio y apenas difusión le convirtió en una rara avis.

Ahora en la actualidad tenemos al alcance de un clic millones y millones de canciones pero no hace mucho para oír el nuevo disco de nuestro artista favorito había que oírlo por la radio o en los puntos de escucha que había en El Corte Inglés o El Alcampo, las discográficas hacían el Agosto y la música movía mucha pasta. Todo cambiaría con Internet y Napster, pero eso es otra historia…     

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