El joven Sherlock Holmes

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Igual por ese título no te haces a la idea pero si decimos: “El Secreto de la Pirámide”, ¡¡ay amiguito!! entonces la cosa cambia y nos trae a la memoria ese día que alquilaste en tu Video Club favorito una película en la que salía en la carátula un jovencito subido en una lámpara de techo enorme moviendo una antorcha sobre su cabeza.

El mero visionado de esa carátula prometía aventuras y encima lo presentaba un tal Steven Spielberg que ya nos empezaba a sonar a los frikazos ochenteros de algo, una joyita incomprendida y en algunos casos olvidada. Puro cine fantástico juvenil por encima de la media.

Dirigida por Barry Levinson que venía de rodar: “El Mejor” con Robert Redford en 1984 y será recordado por dirigir: “Good Morning, Vietnam” (1987), “Sleepers” (1996) y “Esfera” (1998). Lo que viene a ser un director de Hollywood de primer nivel con películas de gran éxito en su filmografía, destacando sobretodo: “Rain Man” con la que consiguió el Oscar al Mejor Director y fue un éxito mundial de público y crítica. El guion es obra de un tal Chris Columbus que nos regaló como guionista dos peliculitas que nadie conoce como: “Gremlins” (1984) y “Los Goonies” (1985) y como director nos regaló: “Solo en Casa”, “Solo en Casa 2”,”Señora Doubtfire”, “Harry Potter y la Piedra Filosofal” y “Harry Potter y la Cámara Secreta”... Por lo tanto es un nombre a tener muy en cuenta, si a los dos genios antes mentados sumamos la producción de Spielberg y los efectos de I.L.M. tenemos la mezcla perfecta para dejarnos un film de aventuras notable e inolvidable.

La película nos transporta a la juventud de Watson y dejando de lado las novelas de Arthur Conan Doyle juega a darnos a conocer al mítico Sherlock Holmes en sus primeros pasos y nos da las claves de todas sus manías y rasgos distintivos. Es un Sherlock Holmes adaptado a los jóvenes, de hecho en muchos casos recuerda a la serie: “Las Aventuras del Joven Indiana Jones” ya que tiene una factura parecida y juegan a lo mismo, al tratar de presentarnos al héroe antes de ser conocido y cuando debían combatir problemas mundanos. Nos desvelan las razones por las que Sherlock es tan frío y calculador, por qué estuvo solo el resto de su vida y en definitiva todo lo que hizo que se convirtiera en el detective de ficción más famoso de todos los tiempos.

Los actores pasan sin pena ni gloria y ninguno de ellos pegará el salto tras este film. Si hay algo que es notable en el film es la ambientación y ese tono británico que rezuma todo el metraje. Un tono que en cierto sentido nos puede recordar al mismísimo Harry Potter al parecerse en algunos puntos clave la Universidad Brompton Academy al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Los alumnos y las clases tan “british” son bastante parecidas.

Capítulo aparte merecen los efectos especiales de la omnipresente empresa del tío George Lucas: I.L.M., sobre todo en los momentos que las víctimas de la secta egipcia son envenenados por un dardo lanzado por una certera cerbatana y tienen visiones terroríficas. Una de la visiones será una vidriera que cobra vida ante los ojos atónitos de un sacerdote, la grandeza de esta visión viene marcada por ser la primera vez que se usaba en una película un personaje generado totalmente por ordenador y el Genio detrás de tal hazaña es un tal: John Lasseter que diez años después cambiará el Cine de Animación con la sublime: “Toy Story”.

La genial banda sonora corre a cargo de Bruce Broughton y por el tema principal fue nominada a un Grammy. Y es que por momentos puede recordar al mejor John Williams en los movimientos de aventura, y tiene un tono épico distintivo en los temas de la secta egipcia, sobretodo en la escena del sacrificio con coros inolvidables. Broughton también será famoso por la sublime Banda Sonora de Silverado.

Un film fantástico juvenil muy disfrutable en estas frías noches otoñales.

 “Era un frío día de nieve a principios de diciembre, la falta de recursos había forzado a cerrar mi vieja escuela y a mitad de curso me enviaban a una nueva. Estaba acostumbrado a la tranquilidad de los espacios abiertos del campo y ahora me encontraba en el corazón de Londres en plena época victoriana. Las calles estaban llenas de todo tipo de actividad imaginable; era tal la cantidad de cosas que veía que no conseguía reaccionar. Al bajar de mi carruaje, la visión de mi nueva escuela me llenó de miedo y aprehensión. A pesar de ello me invadía una ola de curiosidad. No obstante, nada podía prevenirme de la increíble aventura que iba a correr y del extraordinario individuo que iba conocer y que cambiaría mi vida.

John Watson, El secreto de la pirámide”

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