¡Me lo pido!

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Que siiiiiiiiiii, que ya está aquí la navidad, qué alegría, qué alboroto, otro perrito piloto.

Entiendo que os flipen las navidades, las calles están bonitas, la televisión se llena de anuncios emotivos de loterías (ninguno será como el del año pasado) y en Antena 3 echan películas  navideñas mierders de sobremesa con títulos tales como Milagro de Nochebuena”,“Deseos de Navidad”, “Una navidad diferente” , “Truño de Santa Claus”, películas que por temor a quedaros margis de por vida, negáis que veis con una rotundidad que asusta.

 

Pero a ver quién es él/la guap@ que se mueve a por el mando para cambiar la película, un domingo de resaca, una vez tirados en el sofá con ganas de morir. A otra quizás, pero a mi no me engañáis, las veis y no una…LAS TRES SEGUIDAS QUE ECHAN, HASTA QUE EMPIEZAN LAS NOTICIAS DE LAS 21:00, CON ANUNCIOS INCLUIDOS.  

 

 

Sí, tú también Bryan Cranston, tú también.

 

 

Lo que iba diciendo, las navidades molan, pero ya no tanto, admitamos que conforme vamos creciendo las navidades pierden la magia y se vuelven un poco cansinas. Cuando realmente se disfrutan estas fechas son cuando eres peque o cuando hay peques en casa, sin duda vamos.

 

Los Reyes Magos que antes me traían los juguetes más geniales del mundo ahora me traen pack de bragas de Primark, pijamas, calcetines, colonias entre otras cositas que son muy útiles, pero aburridas.

 

Cuando era pequeña y empezaban a llegar los catálogos de juguetes de los centros comerciales más famosos, con esas pegatinas que ponían “¡Me lo pido!” para que las pegases en los juguetes que querías, pegatinas que acababas poniendo en todos los juguetes y hasta en las orejas de tu perra, era la niña más feliz del universo.

Escribir la carta a los Reyes Magos de Oriente, era el mejor momento del año, escribía la carta para los tres pero mi preferido siempre ha sido Baltasar, luego cuando lo veía en la cabalgata era el que peor carilla tenía, así como un poco descolorido, pero es que venir desde Oriente al extrarradio madrileño en camello, descompone a cualquiera, claro.

En mi casa los Reyes Magos nunca esperaban a traernos los regalos al día siguiente, nada más llegar de la cabalgata, mi padre nos hacía una lista con manjares que teníamos que dejar preparado a Baltasar para recuperarse de su largo viaje y él a cambio nos dejaba los regalitos. Decía mi padre que a Baltasar le gustaba un platito de embutido ibérico, un trozo de tarta de chocolate con galletas y una copita de whisky Cardhu. No dejaba nada, menudo saque tenía.

Cuando llegaba el momento, mis padres nos decían que nos escondiésemos en una habitación para que Baltasar no nos viese, mi hermana y yo corríamos emocionadas a la habitación más lejana al salón y esperábamos ansiosas a que llegase el rey mago. De repente se hacía el silencio y un Baltasar con voz cubana (¿¿BALTASAR ERA CUBANO?? SÍ, EN MI CASA ERA CUBANO) preguntaba a mis padres como nos habíamos portado durante el año, mientras dejaba los regalos y comía los manjares (a mi esa voz me recordaba a mi padre cuando hacía el tonto, pero jamás dije nada).

Y luego ya llegaba la parte que más molaba, la de abrir regalos y gritar emocionada con los juguetes. Te pasabas tooooodo el día jugando con tus nuevas adquisiciones, llamabas a tus amigos, te ibas al parque a estrenar tus regalos y luego el primer día de cole del año te llevabas tus juguetes a clase para enseñarselo a tus compis pero sobre todo era…

Ay que nostalgia, por favor. Creces y ya no es lo mismo, mi Baltasar cubano ya no volvió a aparecer por casa y le echo muchísimo de menos.

Me he visto en la obligación de escribirle un mail por este medio tan internacional, (Barack Obama me mandó una foto por Whatsapp mientras leía Frikimalismo, se lo que me digo) a ver si así me recuerda:

Querido Baltasar:

Soy Laura, no sé si me recuerdas, yo sí. Muchísimo. Desapareciste cuando yo tenía unos 10 años y no he vuelto a saber de ti, estuve un tiempo muy preocupada, tanto que estuve a punto de ir a “El Diario de Patricia” para que iniciaran tu búsqueda. Echo tanto de menos tu acento cubano preguntando a mis padres “Oyeme papito, ¿cómo se poltaron las nenas este año?”, “Está bien sabroso este lomo ibérico” entre otras cosas…

Desde que te fuiste las navidades no han vuelto a ser tan divertidas, o al menos los regalos que me traías molaban mucho más que los de las  personas adultas. Te escribo este mail para agradecerte todos aquellos regalos que me hicieron feliz y que me sacan una sonrisa al recordar la emoción que sentí al abrirlos.

(Adjunto un dossier en el mail, con los juguetes que marcaron mi infancia, ya ves Baltasar cubano, como son los avances).

Se despide de ti, tu pequeña del alma, con su piel de canela.

Lala.

PD: Te di todo mi amor, @love.com y tú me has robadobadobado la razón, mándame un email y te abriré y te hago un rinconcito en el archivo, de mi corazón. Quiero decir, contéstame algún día, si te apetece”

 

*DOSSIER ADJUNTO:

 El Robot Emilio, era un robot (roboz como diría mi abuela) esclavizado, siempre con esa sonrisilla de felicidad, aunque quizás estuviese planeando tu muerte. Te traia los zumos y los bollicaos con un salero que ya quisiera la Juani de “Médico de familia”. Ideal para traer agua cuando toda la familia estaba sentada en el sofá, ahora me vendría de perlas para los cafeles en la ofi.

¡ROBOT EMILIO FOREVER! (Insertar forma de corazón hecho con las manos).

Los patines, según la edad que tuvieses, iban aumentando su peligrosidad y diversión cuanto más mayor era. Primero llegaron estos, que en vez de patinar, ibas andando directamente haciendo un ruido horroroso, que parecías Bambi recién nacido dando zancadas a lo loco.

Cuando los adaptadores cutres ya no se podían ampliar más, llegó la hora de renovar patines, los típicos de cuatro ruedas que se ataban con cordones, eran lo más de lo más, con ellos puestos te creías una de las protagonistas de la novela  “Agujetas de color de rosa”  y eso sí que era molar fuerte.

(Maldita canción que se te queda metida en los sesos)

Los patines en línea, ya eran otro cantar, a mi me costó muchísimo adaptarme a ellos pero una vez los pillabas el truqui, eran diversión pura. Iba por las calles de mi pueblo creyéndome Pepper Ann, una líder natural.

 

 

Desde bien pequeña sentía bastante amor por las cosas tecnológicas, odiando en profundidad los Nenucos y sobre todo el maldito Baby Born. Yo prefería las mascotas virtuales como el Tamagotchi o el cansino de Furby.

Madre mía, el boom de los Tamagotchi alcanzó niveles estratosféricos, todo el mundo tenía un Tamagotchi, ese huevete que te podías llevar a todos los sitios, era maravilloso. Según la manera en el que cuidabas de tu Tamagotchi crecía de una forma diferente.

Todos hemos tenido un amigo al que su Tamagotchi le había crecido bueno, que casualidad que siempre se le acababa de morir cuando querías verlo. Siempre crecía el cutre con boca de pato, jamás he visto el de las orejitas.

El Furby era una mascota de ojos saltones, con cierto parecido a Zooey Deschannel, que hablaba, cantaba y hacía monerías. Tenía un chip en la frente, donde residía su inteligencia artificial. El Furby era genial, la primera semana, luego ya querías que se callase para siempre. Tenía una vocecilla un poco desagradable con la que repetía palabras en bucle  como “Preocupado”,  “Mi Hambre, Am Am”, y cuando se aburría se ponía a cantar “tu, tu,tuuu, sueño”. Al final cogías cariño al bichejo, la verdad.

Las Barbies eran geniales, tenían un mundo de posibilidades con miles de accesorios, con un poco de imaginación te podías montar cada película que ni Spielberg.

Todas las niñas del mundo han robado al menos un vestido para la Barbie a alguna amiga, esto es un hecho.

Ken nunca me ha gustado como novio para mis Barbies, por eso me iba a casa de mi primo a pedirle  sus Action Man o sus Street Sharks. Se ponían tontitas cuando llegaba la visita de estos tiburones malotes.

Era emocionante jugar con esta Barbie (falsa) voladora, podías acabar tuerta o decapitada, era muy divertida.


Y los Power Ranger con sus cabezas cambiantes eran lo más de lo más, tres usadas y la cabeza se quedaba atascada...

Los juegos de mesa eran el mejor regalo para disfrutar en compañía de familiares y amigos juegos como La Herencia de la Tía Agata ponían a prueba tu capacidad de intuición y audacia en detectar los engaños de tus contrincantes. Podías pasarte horas montando el juego, pero merecía la pena.

Otros juegos como “Línea Directa” eran juegos para adolescentes con granos y breakers donde mediante unas pistas que te daban por un teléfono, tenías que averiguar cuál era el chico del instituto que estaba por ti. Me encantaba este juego con sus tarjeticas de los números de teléfonos de chicos, horrorosos, a los que tenías que llamar y la mítica tarjeta de  “Mamá dice que cuelgues”.

(Cuidaito con Miguel, todo un fucker del institute)

Otros juguetes que llenaron mi vida de diversión fueron; La Mansión de Casper, Los muñecos de los Power Ranger a los que se les cambiaba la cabeza, las Polly Pockets, los Pin&Pon, el barco pirata de PlayMobil, Cocodrilo Sacamuelas, Mister Músculos con sus brazos que se podían estirar, Mi Pequeño Pony...


Se me quedán en el tintero miles de juguetes geniales que marcaron a la generación de los 90. Y vosotros querid@s Frikimalistas, ¿habéis sido buenos este año?, ¿qué juguetes recordáis con nostalgia? Quiero saberlo.


(La navidad no empieza hasta que no escuchas la archifamosa canción navideña de Mariah Carey).

Miles de abrazos friki-navideños para todos.

Os quiere con el ímpetu del viento.

Lala.

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