Stranger Summer Things

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Si no has oído hablar jamás de ‘Stranger Things’ durante este verano, déjame decirte que puede que estés secuestrado o seas un extraterrestre y aún no lo sepas, porque hasta mi abuela conoce las aventurillas de la muchachada de Hawkins. Que la serie lo mola todo es algo completamente innegable, a mi me pones una estética ochentera, una pandilla de niños con bicicletas, me remueves la nostalgia con una baticao y me tienes completamente entregada. Se sabía hasta en Kuala Lumpur (lo será tu puta madre, gracias por tanto Leticia Sabater ) que esta serie se iba a convertir en una de mis prefes del mundo mundial. Aunque pensándolo bien, no hay tanta diferencia entre un verano en el pueblo y la primera temporada de ‘Stranger Things’.

 

Las bicicletas

Era llegar al pueblo y por arte de magia tus pies se convertían en pedales. No había recado de tu abuela que no hicieras con la bicicleta. Ir a la piscina, investigar montes y bajar cuestas infernales (con sus correspondientes pupas), todo con ella. Otro must era ir con tus amigos por el pueblo silbando la melodía de ‘Verano azul’. Luego si ya te subías de paquete en la BH del niño que te gustaba, eso era como dar un paseo por las nubes.

 

 

Leyendas urbanas

Cada pueblo tiene sus propias leyendas urbanas, depende de quien te las cuente te las creías más o menos. Si te la contaba tu hermana mayor o algún primo que te quería acojonar, pues añadían millones de extras terroríficos a la historia. En mi pueblo había un surtido muy variado del tipo de cerdos que se comían a los bebés, señoras que paseaban por carreteras nocturnas y desaparecían, brujas que se metían en el cuerpo de cabras y hablaban, pero mi preferida es la de ‘La Muerta Pelá’, se supone que si miras mucho una gárgola con una cara siniestra que hay detrás de la iglesia mientras suenan las campanas, te pasan cosas malas, yo me caí de la bicicleta por ir mirando a ‘La Muerte Pelá’ así que tiene mucha veracidad esta leyenda. Mi primo pequeño tiene un pequeño trauma por mis historias, ley de vida, pequeño primo, ley de vida.

 

Gente mala

Eleven tiene un miedo absoluto a ser descubierta por los hombres malos, lógico y normal, quieren hacer experimentos con ella.

Mi abuela todas las tardes me decía: “Echa el cerrojo en la puerta, hermosa, que vienen los hombres malos”. En mi pueblo, las abuelas tienen un miedo inexplicable  a la hora de la siesta, nunca lo he entendido la verdad, la mía se ponía muy nerviosa a estas horas y decía que la gente se le ponía mala la cabeza con el calor y que no se fiaba de nadie a esa hora. Yo por si acaso, volaba a echar el cerrojo. Otra cosa no, pero a las abuelas siempre hay que hacerlas caso.

 

 

La familia

Veranear en el pueblo era saber que ibas a estar con tus primos todo el rato, dándolo todo. Chinchar a los pequeños era uno de los entretenimientos básicos, todo eran juegos, risas y  peleas absurdas que se arreglaban al medio segundo.

Nos encantaba adivinar cuantos nombres era capaz de decir mi abuela antes que el que quería decir. Un día llegamos a contar siete nombres, todo un récord.

Nos pasábamos el día viendo series maravillosas como ‘Oliver y Benji’, ‘Punky Brewster’, ‘Marmalade Boy’ o eligiendo el pueblo ganador del maravilloso programa 'Grand Prix'. Poco se habla del subidón que sentías al ver que el pueblo que habías elegido era el vencedor. 

Las meriendas de bocatas de chopped con un tomate restregado o un trozo de chocolate con pan, eran mil millones de veces mejor que cualquier gofre, querida Eleven. Toda una delicia.

 

Amigos para siempre


Los amigos del pueblo son para toda la vida, pasar todos los días juntos fortalecía cualquier lazo de unión. Ojalá una puerta del 'Ministerio del tiempo' para poder viajar 10 años atrás y verme con mi pandilla comiendo chuches en un banco del pueblo.
El final del verano suponía todo un drama para nuestras vidas, porque nos teníamos que separar y nada tenía sentido. Volver a la ciudad a empezar un curso nuevo, dejando atrás el recuerdo de un verano maravilloso, era mi infierno personal.

 

Primeras borracheras

Lo de Nancy haciéndose la chulita delante de Steve mientras bebe una cerveza de un trago, no es nada comparable a ese primer cubata de Ponche Caballero con cocacola que te bebías de “hidalgo” en tus primeras salidas nocturnas pueblerinas. ‘Stranger things’ era tener 14 años y no haberte cogido tu primera moña de acabar potando por alguna esquina, mientras llorabas a tus amigas por el muchacho que te molaba y no te hacía caso. Los pueblos te curten el lomo cosa fina, cuando tus amigos de la ciudad se bebían sus primeros calimochos tú ya lo flipabas con el licor 43 con batido de chocolate o con el Malibu piña.

 

Fiestas patronales

La Ruta 66 no es nada comparada con la ruta de las fiestas de pueblos que se establecen en verano. No había pueblo en fiestas que se nos escapará, eso era un despiporre continuo. Pero ninguna fiesta era comparable con las de tu pueblo, esas eran las buenas y que ningún forastero (que es como se llama a la gente que no es del pueblo) se atreviera a  meterse con ella, porque no iba a salir bien parado.

 Las verbenas con sus orquestas con nombres horteras tipo ‘Clamores Show’, ‘Paraiso’o ‘Sensaciones’,  son lo mejor que le ha pasado a España. Mucho tenemos que agradecer a estas orquestas que sigan tocando aquellos hits que han logrado sobrevivir al paso del tiempo, haciéndonos cantar a grito pelao a esa ‘Chiquilla’, que pequeños y mayores acaben batiendo como haciendo ‘Mayonesa’  o acabar bailando un pasodoble con el tonto del pueblo.

 

(Que hermosa está la plaza, con las luces, la verbena y los cobetes)

 

Estoy segura que hasta el Demogorgon hubiese sucumbido a pasar un veranito y descubrir los placeres que oculta un pueblito bueno. Que buena falta le hace relajarse al jodio bicho.

Mientras tanto, sean felices amigos.

 

Lala :)

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Erio!

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