Adios al más grande soñador

Escrito por 

La primera vez que no fui a ver a Les Luthiers fue en noviembre del año 93. En realidad miento, como casi siempre. No había ido a verles muchas otras veces. Pero aquella fue mi primera ya como converso a la causa. Es posible que haya gente que no le pille la gracia a este grupo de humoristas (para ellos se inventaron los psiquiátricos) y habrá alguno que te diga que tienen su punto. El resto de los que los conocemos nos convertimos al lesluthieranismo, hasta el punto que es muy difícil completar una conversación en nuestras vidas en la que no acudamos a alguna de sus genialidades, que hemos incorporado a nuestra forma cotidiana de hablar. Cuando un converso madura, descubre que hay otro grupo de personas en el planeta, formado por la extraña gente que nunca les ha oído. Es el momento en que desarrollamos otro lenguaje, en el que, a duras penas, evitamos las referencias a estos absolutos genios, para poder comunicarnos con ellos sin que piensen que somos unos estúpidos (shalalalá).

 

Pero me estoy yendo por las ramas (hablando de ramas…), decía que en el 93 fue mi primera no vez. La recuerdo dolorosamente (por varios motivos). Me había convertido tres años antes, en una fiesta en casa de un colega. Inopinadamente, la borrachera nos condujo a poner una cassette, ante la insistencia del anfitrión. Nuestro estado de postración alcohólico nos impidió razonar en contra y nos pusimos a escuchar la cinta, que creíamos que nos conduciría al sueño (o al aplauso) inmediato. Para mi sorpresa, en dos frases me vi hipnotizado por la Voz, que me narraba la desventurada correspondencia de un músico con su padre. Éste le decía con voz resignada que tal vez eran sus prejuicios los que le impedían ver, pero, por desgracia, no le impedían escuchar. A partir de ese momento caí en las garras de Mastropiero (el músico) y demás criaturas pergeñadas por esta panda de cómicos extraordinarios.

Los principios de los noventa eran otros tiempos. Ahora no habría tenido ningún misterio: despertarse de la borrachera, superar levemente la resaca, abrir el gogle, escribir les luthiers (si nos acordábamos) y a ver video tras video. Pero en aquellos tiempos internet no era lo que es. Así que mi única forma de saber más, fue ir recopilando distintas grabaciones, mayoritariamente de sus discos de estudio… que tenían su punto, pero que no alcanzaban la genialidad de aquella cinta grabada de extranjis en uno de sus últimos recitales. Esto era metadona para el yonqui en que me había convertido. Sólo podría quedar medianamente satisfecho viéndoles en directo. Y tuve que esperar tres largos años.

Me compré las entradas el día en que salieron a la venta: dos flamantes localidades centradas en primera fila. Iba a ir con mi novia de aquellos tiempos y no pensábamos perdernos nada. Andaba ya en mis años universitarios y tenía un nutrido grupo de amigos que también eran fanáticos del lesluthieranismo. Y todavía no habían comprado entradas. Me pasé dos semanas riéndome de ellos, hasta que se pusieron de acuerdo para adquirirlas. Quiso el destino que las consiguieran el mismo día que yo, en la segunda fila, pero en la butaca 400. Prometí contarles todo lo que no pudieran ver desde sus esquinadas localidades. Muchas veces.

El día del recital amanecí con 39 de fiebre y un intenso dolor en mi zona abdominal (este fue el primer impacto). Tras seis horas en urgencias me diagnosticaron un ataque de apendicitis agudo. Llamé a mi novia y le dije que buscase a alguien que fuese con ella. Por supuesto, en aquella época no había móviles, así que mis amigos no se enteraron de que no iba a ver a Les Luthiers, después de haberme estado descojonando de ellos dos meses por la mierda de entradas que habían comprado, hasta que se encontraron con mi antigua novia acompañada por alguien que no era yo, ya en el teatro (ese fue el segundo impacto. Del tercero prefiero no hablar).

 

Como mal menor, conseguí una grabación pirata del recital y mi novia me explicó todos los detalles. El que se quedó más nítido en mi memoria, versaba sobre uno de los momentos en los que en la cinta sólo se oían risas. Mi chica me contó que “el del Bigote”, haciendo mímica, había alzado la pierna en exceso y, cuando la bajó bruscamente, se había aparentemente pillado la zona en la que más nos duele a los hombres. Con los ojos abiertos cual huevos duros, fingía un ataque de dolor extremo, con la mirada fija en mi novia, que no podía parar de reír (al igual que el resto del Alcalá Palace).

Desde ese momento le cogí cierta inquina al del Bigote. Todos mis colegas coincidían en que había sido el mejor, superando incluso a nuestra idolatrada Voz, que hacía todas las introducciones, lo que tampoco jugó a su favor para que me cayese algo mejor.

Tardé tres años en poder ajustar cuentas con el del Bigote. Aguanté diez minutos. Quería odiarle, deseaba preferir a Marcos Mundstock (la Voz), pero se metió en el papel de Manuel Darío (como el poeta) y tuve que asumir la realidad, mucho antes de que pregonase que era el más grande estúpido en su primera canción con temática maduril: era un puto genio.

Ya sabéis. Si no podéis con vuestro enemigo, uníos a él. Es cierto que elegir entre Marcos y él era tan difícil como hacerlo entre papá y mamá. Han pasado casi veinte años desde entonces y raro ha sido el día que no me hayan alegrado sus ocurrencias o gestos (o los de sus compañeros).

Hoy el del Bigote nos ha dejado. Llevo impactado desde que me he enterado a la hora de comer. Ya no volveré a disfrutar de la increíble presencia de Daniel Rabinovich en directo nunca más… Miremos adelante (ya que todo tiempo pasado fue anterior). Tanto dolor hay en el mundo, guerra, muerte, destrucción… shalalalá y tú no quieres, shalalalá, hablar conmigo… Habrá que dejar de llorar por el pasado de Italia, recordar cómo se baila un merengue, dejar de ir a tontas y a locas, perdonar a Esther o por lo menos darle su lápiz, no asustarse por el acertijo, repetir sus palabras, ver las películas dos veces para no entenderlas la segunda, invadir Noruega, escuchar Radio Tertulia, dejar de amar a Raúl(a) o pensar que todo no es más que una vieja leyendo ebria.

La última vez que pensaba no ir a ver a Les Luthiers iba a ser el próximo marzo, en su recital en el Palacio de los Deportes. No me parecía el recinto adecuado para disfrutar de estos genios. Ahora me parece inevitable hacerme con unas entradas para recordar y homenajear a Daniel, junto a sus inseparables Marcos, Carlos, Jorge y Carlos. Mis más sinceras condolencias para ellos.

Te echaré de menos, respetuoso seductor. Nunca te dije que te había perdonado por tirarle los tejos a mi novia con esa mirada de huevo duro. Confío en que, así, su enojo se aplaque… no, aplaca…

 LA VACAAAAAAA

 

Visto 2924 veces

Artículos relacionados (por etiqueta)

1 comentario

  • Enlace al Comentario Gabi Lunes, 31 Agosto 2015 07:13 publicado por Gabi

    No terminaste de contar si fue por eso que cambiaste de novia...
    Te acompañamos en el sentimiento (literal).

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.

Erio!

Está aquí: Home FRIKI NEWS Actualidad Adios al más grande soñador